Imagina una partida de ajedrez, las piezas negras y las blancas. ¿Con cuáles vas? Imagina, ahora, que estás montad@ encima de uno de los caballos del color elegido. ¿Qué ves a tu alrededor?
Muchas personas dirán; las otras piezas, o incluso, más detalladamente, las piezas que tienen más cercanas, o las últimas que acaban de moverse. Muy bien. Piensa ahora que todas las piezas que ves, son tus pensamientos y emociones.
¿Cuánto se pueden mover esas piezas? Cada una tiene unos movimientos determinados, pero si por un momento, pudiésemos mover las piezas sin que éstas nos fueran comidas. Aún en ese caso, sus movimientos están limitados a 8x8, es decir al tablero. Fuera del tablero, se podría decir, que estás piezas carecen de sentido.
Ahora bien, ¿dónde te encuentras tú?

Y desde donde tú estás, ¿Qué puedes ver, además de las piezas, obviamente?
El tablero, ¿cierto? y ¿Cuánto se puede mover el tablero?
Infinitamente; puedes ir con tu tablero de ajedrez a cualquier parte, que las piezas siempre seguirán encima, puedes jugar con quien quieras, que las piezas seguirán siendo las blancas y las negras.
Si desde tú posición puedes ver el tablero y las fichas, ¿por qué vivir la vida como si fueras el caballo?
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